Fujimori, radiotransmisor en mano y con chaleco antibalas, junto a
sus tropas en la embajada japonesa. AP

La operación duró 38 minutos-Uno de los rehenes, un juez del
Tribunal Supremo, resultó muerto-Dos militares fallecieron y varios más resultaron
heridos-El presidente peruano, Alberto Fujimori, dirigió salto desde un
edificio cercano
Toman al asalto la residencia del embajador de Japón y matan a
todos los secuestradores
Mª DEL PILAR TELLO
ESPECIAL PARA EL MUNDO
LIMA.- Apenas 38 minutos. Eso fue todo lo que duró la operación.
En ese tiempo, un centenar de miembros de las fuerzas especiales de la policía
entraron en la residencia del embajador de Japón en Lima, liberaron a los 72
rehenes -uno de los cuales falleció- y mataron, según fuentes oficiales, a
todos los integrantes del comando del Movimiento Revolucionario Tupac Amaru
(MRTA).
Un Alberto Fujimori con chaleco antibalas y radiotransmisor en
mano, jaleado por los agentes y militares asaltantes, fue el encargado de
certificar el final de una crisis que ha mantenido en vilo a Perú y Japón
durante 126 días.
Al parecer, él mismo dirigió la operación desde un edificio
cercano, según un comunicado oficial.
El balance de víctimas haría silbar de admiración a cualquiera de
los afamados cuerpos especiales del mundo: casi todos los rehenes vivos y los
activistas del MRTA muertos (incluido su jefe, Néstor Cerpa). «En las
operaciones de rescate, según las normas de procedimiento militares, no se toman
prisioneros», fue la lacónica explicación de una fuente del Gobierno.
Todo comenzó a las 15.27 horas local (22.00 horas en España). El
batallón de periodistas que rodeaba constantemente el recinto diplomático aún
no había digerido el almuerzo cuando comenzaron los disparos y las explosiones.
Según algunas fuentes, al menos una quincena de soldados saltó
tapia trasera, escaló hasta el techo y abrió un boquete mediante algún
artefacto explosivo.
Ese instante marcó el comienzo de la confusión. Los periodistas no
podían acercarse por el férreo cinturón policial que rodeaba la mansión. Por el
tejado continuaban los intercambios de fuego y durante el asalto se pudieron
escuchar hasta tres explosiones.
Al poco comenzaron a salir los rehenes agachados, algunos
manchados de sangre. Unos pocos hubieron de ser evacuados en camillas, entre
ellos el ministro peruano de Exteriores, Francisco Tudela, herido en una
pierna.
Según algunas fuentes, los primeros en salir fueron los cerca de
40 rehenes situados en el piso superior. Más tarde, disparos, una columna de
humo e incluso llamas. Nueva salida de rehenes -que se hallaban en el primer
piso- y gritos de alegría de los policías y soldados asaltantes. El asalto terminaba
con la quema de las banderas del MRTA que el comando había colocado en las
paredes de la residencia cuando la tomó, el 17 de diciembre. Fujimori confirmó
la muerte de dos militares -y varios más heridos- dentro del grupo de las
fuerzas especiales asaltantes. Entre los liberados se encuentran el propio
hermano de Fujimori, Pedro, el embajador de Japón, Morihisa Aoki, y el
embajador de Bolivia, Jorge Gumucio, informó Efe.
A la hora de cerrar esta edición un velo de silencio cubría la
operación de asalto y muy pocos detalles se conocían de la liberación y del
número exacto de muertos y heridos.
El propio Fujimori, que durante toda la crisis se mostró
inflexible con el MRTA -aunque autorizó el inicio de negociaciones-, siguiendo
la parafernalia que ha rodeado a la operación militar, se personó la mansión
para felicitar a sus soldados y presidir en el pórtico de la embajada un acto
de celebración con himno nacional, aplausos y vivas incluidos. Aupado a una
silla, dirigió un discurso ante dos centenares de militares y varios rehenes
liberados.
El comando del MRTA tomó la residencia de la embajada el 17 de
diciembre, cuando se celebraba una fiesta en honor del emperador Akihito, y
secuestró a cerca de un millar de personas, entre ellas ministros, numerosos diplomáticos,
altos funcionarios y militares, aunque días después fue liberando a centenares
de ellos hasta quedarse con 72. Este secuestro es la segunda toma masiva de
rehenes más larga tras la protagonizada en la embajada de EEUU en Irán en 1979,
cuando 52 miembros de esa delegación permanecieron 444 días en poder de los
guardianes de la revolución.
Esta es la cronología del asalto y de los 126 días de cautiverio.
17 de diciembre de 1996. Un comando del MRTA asalta la residencia
tomando 600 rehenes y exigiendo la liberación de 440 guerrilleros presos.
20 de diciembre. Los rebeldes deja salir a 38 rehenes y ya son 350
los liberados.
21 de diciembre. Fujimori dice que no discutirá un acuerdo de paz.
22 de diciembre. Liberados otros 225 rehenes.
26 de diciembre. Una explosión sacude la mansión. La Policía dice
que un animal habría detonado una mina del MRTA en el jardín.
28 de diciembre. Liberan a un grupo de 20 personas.
31 de diciembre. Un grupo de periodistas entra en la mansión.
8 de enero de 1997. Fujimori amenaza con «recurrir a otros
métodos».
15 de enero. El comando acepta una «Comisión de Garantes» para
negociar.
21 de enero. La policía realiza simulacros de ataques y desata un
intercambio de disparos con el MRTA
1 de febrero. Fujimori y el japonés Hashimoto acuerdan promover el
diálogo con el MRTA.
11 de febrero. Comienzan las negociaciones con la «Comisión de
Garantes».
2 marzo. El comando rechaza asilarse en Cuba o en la República
Dominicana.
19 de abril. Dimite el ministro del Interior.
Dos soldados peruanos disparan a través de un boquete abierto en
el tejado durante el asalto. MARIE HIPPENMEYER/AFP

Los soldados ayudan a bajar por las escaleras del cobertizo a
varios rehenes. EUGENE HOSHIKO/AP

Uno de los rehenes, herido, es evacuado a la carrera tras la
intervención militar. EUGENE HOSHIKO/AP

El primer ministro Hashimoto justifica la operación militar y
Alberto Fujimori recibe un respaldo generalizado por su iniciativa
ARTURO ESCANDON
ESPECIAL PARA EL MUNDO
TOKIO.- En el curso de una conferencia ante los medios de
comunicación, el primer ministro japonés, Ryutaro Hashimoto, dio su aprobación
a la operación realizada por unidades especiales del Ejército peruano para
rescatar a los rehenes en manos del Movimiento Revolucionario Tupac Amaru
(MRTA).
Hashimoto, que compareció ante la prensa en una convocatoria de
urgencia, mostró públicamente su agradecimiento al presidente de Perú, Alberto
Fujimori, y a quienes habían participado en la operación de rescate realizada
ayer en la legación japonesa de Lima. Además, en su corta alocución ante los
periodistas, Hashimoto dijo que el asalto se había llevado a cabo de forma
satisfactoria y en el momento justo.
Cuando se le preguntó sobre la forma y el momento en que se enteró
la acción, Hashimoto reconoció que no había sido informado previamente y que
solamente se enteró de la noticia a través del Ministerio de Exteriores y una
vez que el asalto ya se había puesto en marcha.
Desde un punto de vista diplomático, ningún país puede realizar
una acción dentro de una embajada extranjera sin previa autorización del país,
ya que tanto las embajadas como las residencias de los embajadores son
consideradas territorio nacional del país correspondiente. También fue
preguntado en esta rueda de prensa si aprobaba o no el uso de la fuerza contra
la residencia diplomática. En este sentido, el primer ministro japonés explicó
que no era el momento de recriminar a nadie, ya que había sido un éxito.
A continuación justificó la falta de información por la distancia
geográfica y la diferencia horaria existentes entre Japón y Perú. Estas
circunstancias, en opinión de Hashimoto, hacían imposible estar más al tanto de
las razones que el Gobierno de Alberto Fujimori había considerado más oportunas
para tomar la iniciativa.
Estados Unidos. El Gobierno de Bill Clinton también mostró su apoyo
al operativo y elogió la solución militar de la crisis de los rehenes, aunque
manifestó su sorpresa por la iniciativa. El Departamento de Defensa,
concretamente, señaló que tampoco habían sido informados «oficialmente». Su
responsable, William Cohen, dijo, al conocer los hechos, que «no había más
opción», después de que el Gobierno peruano hubiera buscado pacientemente una
solución pacífica.
España. El presidente del Gobierno español, José María Aznar,
afirmó ayer en Buenos Aires, donde se encuentra en visita oficial, que Alberto
Fujimori «ha llevado en líneas generales bien el asunto» y mostró su deseo de
que hubiera el menor número de víctimas mortales entre los rehenes.
Previamente, Inocencio Arias, director de la Oficina de Información Diplomática,
había manifestado su alivio porque «la pesadilla vivida en la embajada de Japón
en Lima hubiera concluido».
Chile. El ministro del Interior de Chile, Carlos Figueroa, al
conocer los sucesos de Lima, manifestó: «Nos parece una gran noticia; muy
alentadora para todos los que en el mundo condenamos este secuestro prolongado
de casi cuatro meses».
Ecuador. El embajador de Ecuador ante la Organización de Estados
Americanos (OEA), Julio Prado, deploró ayer «el método» utilizado por las
fuerzas militares peruanas para liberar a los 72 rehenes. «Lo más aconsejable
era negociar», añadió.
Argentina. El Gobierno argentino se sumó a las muestras de
aprobación generales declarando su «satisfacción y alegría» por el asalto.
«Felicitamos al Gobierno peruano que preside Alberto Fujimori por la mesura y
la firmeza con que condujo la situación originada por grupos violentos», decía
un comunicado del Ministerio de Asuntos Exteriores.
El portavoz en Europa del Movimiento Revolucionario Tupac Amaru
(MRTA), Isaac Velasco, declaró ayer por la noche, tras conocerse el asalto del
Ejército peruano a la residencia del embajador japonés en Lima, que «este
crimen no quedará impune».
El representante de la organización peruana, que ha visitado en varias
ocasiones España durante la crisis de los rehenes, aseguró , pese a la imágenes
difundidas por la televisión, su movimiento «no está vencido».
«Esta agresión criminal contra mi pueblo, decidida por el genocida
Fujimori, sólo agrava el conflicto», dijo Isaac Velasco. En su opinión la
salida elegida por el presidente de Perú «significa un recrudecimiento de la
violencia».
Velasco añadió que la lucha por una sociedad peruana en paz y con
justicia social «no ha concluido», y agregó textualmente: «Este crimen ha sido
cometido con la anuencia del imperialismo norteamericano y con la complicidad
del Gobierno japonés, lo que no quedará impune».
El Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA), que insiste en no
ser comparado con Sendero Luminoso, comenzó a actuar en las zonas selváticas
del norte del país, donde, durante la pasada década, logró ocupar varias
ciudades.